MALVINAS, bajo un manto de neblina

Novela basada en hechos reales. Editada en formato gráfico. En venta en librerías de S.C. de Bariloche. ... En esta ambigüedad de sentimientos en los que, indistintamente, enarbolamos banderas de reivindicación, sentimos añoranzas bélicas, lloramos junto a un amigo que perdió a su hijo y no sabemos qué hacer al tener cara a cara a un ex combatiente; nos debatimos en la imposible resolución de una situación que a mi entender no tiene remedio. ¿Seremos capaces los argentinos?

Monday, April 02, 2007

Los Exocet











Los Exocet - Transcripción textual - LONDRES (EFE).-



Agentes al servicio del gobierno británico se ofrecieron a vender misiles Exocet a la Argentina durante la guerra de las Malvinas, en una operación de distracción que descubrió el dominical diario londinenese The Observer.
Según el periódico, cuando los argentinos se dieron cuenta de que estaban perdiendo la guerra, a finales de mayo de 1982, intentaron obtener en los mercados internacionales de armas un cargamento de misiles Exocet.
El gobierno militar argentino esperaba que estos misiles, que le permitieron importantes éxitos militares en la primera parte de la campaña -como el hundimiento del destructor Sheffield-, darían un vuelco a la situación bélica de la contienda.
Pero Francia, fabricante de los Exocet, no podía vendérselos a la Argentina por el embargo impuesto por la comunidad europea, por lo que los argentinos decidieron acudir a las redes de traficantes internacionales de armas.
Fue entonces cuando el M16, el espionaje británico, decidió montar una falsa operación de venta, utilizando para ello a un colaborador residente en Alemania Federal, Antony Spencer Divall.
Este contactó con un conocido, un estadounidense veterano de Vietnam llamado John Dutcher, que a su vez entró en contacto con un capitán argentino llamado Alfredo Corti, agregado militar a la embajada de su país en Paris.
Dutcher logró convencer a Corti de sus posibilidades como traficante de armas y obtuvo de él una lista de los suministros que la Argentina necesitaba con más urgencia, a la cabeza de la cual figuraban los Exocet.
Este solo dato sirvió a los británicos para hacerse una idea más exacta de la situación de suministro en que se encontraban los argentinos, según declaró Divall a The Observer.
Durante semanas, Dutcher y Divall consiguieron mantener engañados a los argentinos e, incluso lograron que uno de sus agentes, un alemán llamado Wolf Wohlmuth, fuese invitado a viajar a Buenos Aires, lo que hizo con gastos pagados por el gobierno británico.
Además, tras el cese de las hostilidades, los argentinos siguieron en contacto con Dutcher, interesados en la adquisición de los Exocet.
Divall, que ingresó en los servicios secretos británicos a fines de la 2ª Guerra Mundial, continuó colaborando con ellos. Más tarde, tras abandonarlos para dedicarse a sus negocios, decidió confesar la historia luego de diversos problemas con la autoridades de la República Federal Alemana, donde vivía. Los primeros problemas, por su relación con la hipotética venta, fueron solucionados por el contraespionaje inglés, pero en un momento dado este organismo decidió prescindir de sus servicios. <>

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