MALVINAS, bajo un manto de neblina

Novela basada en hechos reales. Editada en formato gráfico. En venta en librerías de S.C. de Bariloche. ... En esta ambigüedad de sentimientos en los que, indistintamente, enarbolamos banderas de reivindicación, sentimos añoranzas bélicas, lloramos junto a un amigo que perdió a su hijo y no sabemos qué hacer al tener cara a cara a un ex combatiente; nos debatimos en la imposible resolución de una situación que a mi entender no tiene remedio. ¿Seremos capaces los argentinos?

Wednesday, April 04, 2007


01:25 El ruido del mar nos llega fuertemente en la noche oscura; eso nos ayuda para no ser oídos en nuestro avance. Ellos deben dormir... salvo algún centinela. Es lo que deseamos.
01:35 Nuestro Sargento parece un tipo decidido y seguro de lo que hace. La desgracia es la pesada ametralladora... pero debemos llevarla para emplazarnos en la otra orilla.
01:45 Dicen que los ingleses tienen en su fusil una mira telescópica con rayos infrarrojo que les permite ver el objeto apuntado con absoluta claridad. Espero que no sea el caso de los que tenemos al frente a menos de veinte metros. De todas formas no se aprecia ningún movimiento.
01:50 Avanzamos con el agua hasta los tobillos para esconder nuestro ruido. Vamos directamente al bote más cercano. Seguramente lo usaron a última hora porque no le quitaron el motor.
01:55 El Sargento nos indica que nueve hombres se dirijan con él al bote, para ocuparlo; mientras, yo y dos compañeros los cubriremos desde la playa casi encima del puesto inglés.
02:10 De alguna forma deberán avisarnos que la embarcación está liberada para poder correr y ocuparla antes de que salga aguas adentro. No creo que el Sargento pueda pensar en abandonarnos.
02:15 ¡El bote está haciendo demasiado ruido sobre la arena al ser arrastrado! Miro al frente y veo un punto luminoso directo hacia mí. Por primera vez siento miedo y sin esperar ninguna orden corro hacia el mar.
02:16 Un golpe seco, atrás en el muslo izquierdo y creo que no voy a poder seguir corriendo más. Sin embargo llego hasta el bote con el agua a la cintura y me aferro a la borda. Los de arriba me alzan y estoy adentro ¡Salvado!
En la carrera pierdo el arma y lo peor...
mi Diario de Guerra ...
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27 de mayo: Estamos destinados en un lugar en el que no parecemos cumplir ningún rol importante. Por acá no se puede transitar ni a pie, debido al barro y ahora se sabe que los pertrechos traídos nunca se podrán recuperar. Se trajeron víveres sólo para 5 días y los morteros están sin munición. Tampoco hay un plan de ejecución concreto. Esperamos órdenes. Estamos desconcertados.
28 de mayo: Parece mentira que lleguen comentarios de este tipo hasta nosotros que sólo somos la tropa; pero se huelen acontecimientos decisivos y esto hace crecer los rumores. Dicen que junto con nosotros se ordenó el traslado de parte del Estado Mayor de la IIIª Brigada, orden que no se cumplió. Es decir que los jefes no se quisieron mover. También trasladaron un Hospital de campaña y el único personal de comunicaciones con que cuenta la Brigada íntegra. ¡Todo al "cuete"!
29 de mayo: Se comenta que en estos días llegan 5 aviones nuevos con sus respectivos misiles Exocet. Con esto seguramente le hundimos unos cuantos barcos más y ojalá los pongamos fuera de combate. Parece que al RI-12 lo mandaron a ocupar el Cerro Darwin y los ingleses los están atacando. Pienso en Bocha... seguro que está ahí.-
30 de mayo: ¡Por fin llegaron órdenes! Nos tenemos que alistar para una operación en la Isla Soledad. Tendríamos que cruzar el Estrecho San Carlos y después hacer una marcha de 28 Kms. a pie para tratar de recuperar las posiciones en Co. Darwin. Parece que al RI-12 lo barrieron... espero que a Bocha y los demás muchachos no les haya pasado nada.
31 de mayo: ¡Los jefes están locos! Nos trajeron en helicópteros y no tenemos medios para volver a cruzar el canal, tampoco tenemos artillería y ayer se terminaron los víveres. Ya no damos más, tenemos hambre y los ánimos están por el suelo. Dicen que también se combatió y perdió en Pradera del Ganso.-
1 de junio: Yo las emboco todas; primero me separan de mi regimiento y de los amigos, ahora me "mandan al frente" con un grupo de avanzada para captar los movimientos ingleses en la playa
¡El Regimiento tiene que volver a cruzar sea como sea a la Isla Soledad!
2 de junio: Hoy en la tarde marchamos hacia la playa y nos escondimos lo más cerca posible de las posiciones enemigas. Estamos camuflados y solo llevamos una ametralladora y armas livianas. Somos doce al mando de un Sargento Mayor especializado en operaciones anfibias. Durante el acercamiento nos explicó el plan tentativo: En la noche tendremos que quitarles una embarcación y cruzar el estrecho. Una vez del otro lado estableceremos una posición y nos comunicaremos por radio con el Regimiento para describir los emplazamientos ingleses. Los nuestros tendrán al tanto de lo que nosotros informemos a los aviones de la Marina y en el momento oportuno les caerán por aire y por tierra con el objetivo de apoderarse de una unidad de desembarque y así poder cruzar todo el Regimiento al otro lado.
No creo que se pueda con esto, los ingleses nos superan en todo sentido.
Son las 12 de la noche... en una hora salimos a robar un bote o que sea lo que Dios quiera.-
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Hasta aquí escribió Caño su diario de guerra, el cual fue encontrado junto a otras pertenencias de soldados argentinos muertos o desaparecidos en las aguas y playas del Estrecho San Carlos. La Sección improvisada y compuesta por 13 hombres del RI-5 que él integró, tenía por objetivo asegurar el regreso a la Isla Soledad de todo ese Regimiento, para luego reconquistar las posiciones del Co. Darwin en una absurda marcha terrestre de veintiocho kilómetros sobre el suelo barroso Fue posiblemente descubierta, ultimada y desaparecida en el laberinto de ensenadas, bahías y pequeños golfos de las Islas.
Si Caño hubiese podido escribir en su libreta a medida que se desarrollaban las acciones esa noche del 2 de junio, es posible que hubiera relatado lo que sigue:
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24:55 de la madrugada: Dejamos la pegajosa turba y nos arrastramos ahora por la arena hacia la posición inglesa más cercana, a la que estudiamos con los largavistas durante las últimas horas de luz. Es un grupo pequeño que custodia un par de botes de mediano tamaño.

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Monday, April 02, 2007

BAJO un MANTO de NEBLINA - último capítulo

BAJO UN MANTO DE NEBLINA

Mayo de 1982 -Diario La Razón - Corresponsal de guerra -



"Otra vez sorprendidos en los brazos, golfos y bahías del Estrecho San Carlos, los buques británicos sufrieron ayer al caer la tarde una ruda oleada de ataques aéreos que dejaron para ellos nuevamente grave saldo de pérdidas. Ayer mientras se cumplían operaciones en las inmediaciones de la zona del desembarco en Puerto y Establecimiento San Carlos, fueron divisados tres buques en uno de los canales de mar al sur del sector del desembarco inglés. Como ya lo informáramos el sábado, se sabía que en el dédalo de golfos y bahías habían quedado tres buques de guerra tras el demoledor ataque argentino del viernes". "No se los había visto fugar con los demás por la boca norte del Estrecho, pero se supuso que podrían haber navegado de noche, con sigilo como acostumbran a hacerlo los británicos. Sin embargo y sin poder afirmar que se trataría de los mismos buques, ayer fueron avistados al promediar la tarde, ordenándose los ataques que dejaron el saldo conocido. Aparentemente intentaban prestar apoyo a los ya desembarcados e incluso incrementar su número, pues uno de los bombardeados en la víspera es un navío de desembarco; tal vez el Fearless y los otros dos serían fragatas; que son las que están resultando más castigadas". "Desde otras fuentes confiables se supo que continúa en los alrededores de San Carlos el cerco de las fuerzas patriotas a los británicos desembarcados. La situación se mantiene bajo control argentino y la presión aumenta sobre los soldados colonialistas, empujándolos nuevamente hacia las playas".-



El Diario de «Caño»
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15 de mayo: Seguimos acá en el húmedo pozo a 10 Kms. de Pto. Argentino. ¡Si esta proximidad sirviera aunque sea para pasar menos frío!
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21 de mayo: Sigue el cañoneo de ablande de los barcos ingleses. Es infernal. No sabemos cuándo nos puede caer una encima.-
22 de mayo: Gracias a Dios estamos con mi amigo Bocha. Nos hace pensar que es una más que pasamos juntos en la vida ¡Corre el rumor que los ingleses están desembarcando en algún lugar de las Islas!
23 de mayo: Hoy llamaron al mejor tirador de fusil de nuestro pozo para formar un grupo de fusileros y cumplir una misión especial.-
24 de mayo: Los que traen el "rancho" nos contaron que los aviones ingleses hacen incursiones a baja altura atacando posiciones nuestras, y que el batallón de tiradores fue apostado en un lugar por el que tienen que pasar obligadamente. ¡Van a derribarlos con tiro múltiple de fusil!
25 DE MAYO: Hoy nos hicieron salir del pozo a las 8 de la mañana para cantar el Himno Nacional en una acción combinada con todas las tropas. Estamos muy mal como para festejos patrióticos. Por la tarde se comentaba la posibilidad de que el ataque británico se produjera en el Estrecho San Carlos para meter cabeceras de playa en las dos islas; pero nuestros altos mandos están emperrados en pensar que los yonis vienen por Pto. Argentino. Yo me pregunto si no será porque es más cómodo esperarlos allí, en donde estamos mejor pertrechados y no tener que molestarse en equipar una zona extensa como la del Estrecho.-
26 de mayo: Son las once de la mañana. Escribo ahora y no a la noche como suelo hacerlo, porque pasó algo especial y desconcertante. Hace una hora vino un oficial al que no conocíamos, con dos de nuestros suboficiales del RI-12 y me dio la orden de preparar el equipo en 1/2 hora. Me trasladan al RI-5 que fue destinado a Pto. Howard en la Isla Gran Malvina. Lo peor de esto es que me separan de Bocha.-
26 de mayo: (otra vez) Son las doce de la noche y estoy muerto de cansancio. Estamos con el RI-5 en la Gran Malvina.- Hicimos campamento tierra adentro alejados de las playas del Estrecho. Ahora lo sabemos: los británicos entraron el 21 con doce fragatas y nuestros aviones le hundieron el «Ardent». De todos modos ellos se establecieron en ambas islas. Hoy completaron el desembarco de tropas e implementos; parece que son muchos y tienen equipo más moderno que el nuestro. Por eso trasladaron nuestro Regimiento acá, pero por ahora no los podemos enfrentar. Nos trajeron con helicópteros en varios viajes haciendo un rodeo para evitar al enemigo. Algunos dicen que esto es un desgaste inútil de la tropa y una pérdida de tiempo.


27 de mayo: Estamos destinados en un lugar en el que no parecemos cumplir ningún rol importante. Por acá no se puede transitar ni a pie, debido al barro y ahora se sabe que los pertrechos traídos nunca se podrán recuperar. Se trajeron víveres sólo para 5 días y los morteros están sin munición. Tampoco hay un plan de ejecución concreto. Esperamos órdenes. Estamos desconcertados.
28 de mayo: Parece mentira que lleguen comentarios de este tipo hasta nosotros que sólo somos la tropa; pero se huelen acontecimientos decisivos y esto hace crecer los rumores. Dicen que junto con nosotros se ordenó el traslado de parte del Estado Mayor de la IIIª Brigada, orden que no se cumplió. Es decir que los jefes no se quisieron mover. También trasladaron un Hospital de campaña y el único personal de comunicaciones con que cuenta la Brigada íntegra. ¡Todo al "cuete"!
29 de mayo: Se comenta que en estos días llegan 5 aviones nuevos con sus respectivos misiles Exocet. Con esto seguramente le hundimos unos cuantos barcos más y ojalá los pongamos fuera de combate. Parece que al RI-12 lo mandaron a ocupar el Cerro Darwin y los ingleses los están atacando. Pienso en Bocha... seguro que está ahí.-
30 de mayo: ¡Por fin llegaron órdenes! Nos tenemos que alistar para una operación en la Isla Soledad. Tendríamos que cruzar el Estrecho San Carlos y después hacer una marcha de 28 Kms. a pie para tratar de recuperar las posiciones en Co. Darwin. Parece que al RI-12 lo barrieron... espero que a Bocha y los demás muchachos no les haya pasado nada.
31 de mayo: ¡Los jefes están locos! Nos trajeron en helicópteros y no tenemos medios para volver a cruzar el canal, tampoco tenemos artillería y ayer se terminaron los víveres. Ya no damos más, tenemos hambre y los ánimos están por el suelo. Dicen que también se combatió y perdió en Pradera del Ganso.-
1 de junio: Yo las emboco todas; primero me separan de mi regimiento y de los amigos, ahora me "mandan al frente" con un grupo de avanzada para captar los movimientos ingleses en la playa
¡El Regimiento tiene que volver a cruzar sea como sea a la Isla Soledad!
2 de junio: Hoy en la tarde marchamos hacia la playa y nos escondimos lo más cerca posible de las posiciones enemigas. Estamos camuflados y solo llevamos una ametralladora y armas livianas. Somos doce al mando de un Sargento Mayor especializado en operaciones anfibias. Durante el acercamiento nos explicó el plan tentativo: En la noche tendremos que quitarles una embarcación y cruzar el estrecho. Una vez del otro lado estableceremos una posición y nos comunicaremos por radio con el Regimiento para describir los emplazamientos ingleses. Los nuestros tendrán al tanto de lo que nosotros informemos a los aviones de la Marina y en el momento oportuno les caerán por aire y por tierra con el objetivo de apoderarse de una unidad de desembarque y así poder cruzar todo el Regimiento al otro lado.
No creo que se pueda con esto, los ingleses nos superan en todo sentido.
Son las 12 de la noche... en una hora salimos a robar un bote o que sea lo que Dios quiera.-
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Hasta aquí escribió Caño su diario de guerra, el cual fue encontrado junto a otras pertenencias de soldados argentinos muertos o desaparecidos en las aguas y playas del Estrecho San Carlos. La Sección improvisada y compuesta por 13 hombres del RI-5 que él integró, tenía por objetivo asegurar el regreso a la Isla Soledad de todo ese Regimiento, para luego reconquistar las posiciones del Co. Darwin en una absurda marcha terrestre de veintiocho kilómetros sobre el suelo barroso Fue posiblemente descubierta, ultimada y desaparecida en el laberinto de ensenadas, bahías y pequeños golfos de las Islas.
Si Caño hubiese podido escribir en su libreta a medida que se desarrollaban las acciones esa noche del 2 de junio, es posible que hubiera relatado lo que sigue:
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24:55 de la madrugada: Dejamos la pegajosa turba y nos arrastramos ahora por la arena hacia la posición inglesa más cercana, a la que estudiamos con los largavistas durante las últimas horas de luz. Es un grupo pequeño que custodia un par de botes de mediano tamaño.

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Los Exocet











Los Exocet - Transcripción textual - LONDRES (EFE).-



Agentes al servicio del gobierno británico se ofrecieron a vender misiles Exocet a la Argentina durante la guerra de las Malvinas, en una operación de distracción que descubrió el dominical diario londinenese The Observer.
Según el periódico, cuando los argentinos se dieron cuenta de que estaban perdiendo la guerra, a finales de mayo de 1982, intentaron obtener en los mercados internacionales de armas un cargamento de misiles Exocet.
El gobierno militar argentino esperaba que estos misiles, que le permitieron importantes éxitos militares en la primera parte de la campaña -como el hundimiento del destructor Sheffield-, darían un vuelco a la situación bélica de la contienda.
Pero Francia, fabricante de los Exocet, no podía vendérselos a la Argentina por el embargo impuesto por la comunidad europea, por lo que los argentinos decidieron acudir a las redes de traficantes internacionales de armas.
Fue entonces cuando el M16, el espionaje británico, decidió montar una falsa operación de venta, utilizando para ello a un colaborador residente en Alemania Federal, Antony Spencer Divall.
Este contactó con un conocido, un estadounidense veterano de Vietnam llamado John Dutcher, que a su vez entró en contacto con un capitán argentino llamado Alfredo Corti, agregado militar a la embajada de su país en Paris.
Dutcher logró convencer a Corti de sus posibilidades como traficante de armas y obtuvo de él una lista de los suministros que la Argentina necesitaba con más urgencia, a la cabeza de la cual figuraban los Exocet.
Este solo dato sirvió a los británicos para hacerse una idea más exacta de la situación de suministro en que se encontraban los argentinos, según declaró Divall a The Observer.
Durante semanas, Dutcher y Divall consiguieron mantener engañados a los argentinos e, incluso lograron que uno de sus agentes, un alemán llamado Wolf Wohlmuth, fuese invitado a viajar a Buenos Aires, lo que hizo con gastos pagados por el gobierno británico.
Además, tras el cese de las hostilidades, los argentinos siguieron en contacto con Dutcher, interesados en la adquisición de los Exocet.
Divall, que ingresó en los servicios secretos británicos a fines de la 2ª Guerra Mundial, continuó colaborando con ellos. Más tarde, tras abandonarlos para dedicarse a sus negocios, decidió confesar la historia luego de diversos problemas con la autoridades de la República Federal Alemana, donde vivía. Los primeros problemas, por su relación con la hipotética venta, fueron solucionados por el contraespionaje inglés, pero en un momento dado este organismo decidió prescindir de sus servicios. <>

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Javier Augusto Cabral se suicida de tanto en tanto en la ciudad y en esos momentos es uno más de los doscientos cincuenta que no resistieron el después, el "regreso sin gloria". Tiene treinta y cuatro años y no consigue trabajo, se lo niegan por ser héroe-de-guerra. A veces lo llaman del Centro de Ex Soldados Combatientes de Malvinas y reparte revistas, que intentan reivindicación, en los trenes y colectivos de toda la Argentina. A sus padres los ve poco porque siente la culpa de la promesa que no fue. No sabe que ellos (sobre todo su papá) sienten la culpa del consejo honesto en un mundo deshonesto. Javier no espera volver por la recuperación de las Islas, no espera nada. Y cuando se encuentra con sus compañeros que hablan de utópicos regresos, se sumerge en el pozo y recuerda a Marcela, tan lejos de él.<>



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Para leer CARTAS




Carta de un soldado inglés:

"Queridos mamá y papá:
Por momentos la situación parece tan absurda: aquí estamos en mil novecientos ochenta y dos, peleando en una guerra colonial en el otro lado del mundo; veintiocho mil hombres que van a luchar en un pedazo de tierra decididamente horrible, habitado por mil ochocientas personas. Cuando todo haya terminado y se hayan gastado millones de libras esterlinas se los dejará en paz con sus hogares destruidos por el cañoneo. Son momentos de gran irrealidad. Se están llevando a cabo todos los preparativos para la guerra; lo que uno ha pensado que sólo ocurre en las películas, está sucediendo ahora. Es casi como un gigantesco truco ¿¡Quién quiere vivir en las Malvinas!? No puedo recordar una sola guerra en toda la historia de Gran Bretaña que haya sido tan inútil... Siempre se han producido por el comercio, supervivencia, mantenimiento del equilibrio económico, poder, etc.- Esta es para recuperar un lugar que íbamos a dejar indefenso desde abril, y a cuyos residentes nos proponíamos retirar la ciudadanía en octubre. Mrs. Thatcher se ha convertido en una verdadera dictadora, que ordenó una guerra sin consultar al Parlamento y ahora arrastra a las masas con vítores y gritos. Los diarios ven todo esto como una revista de guerra de la vida real. Si alguna de las horribles formas en que la gente ha muerto hubiesen ocurrido en sus oficinas, tal vez hubieran cambiado el tono. Esperemos que todo termine rápido. Lo triste de todo esto, por supuesto, es que las fuerzas profesionales de ambos lados hacen lo que les dicen. Entonces, si dos megalómanos idiotas les dicen que se salten la tapa de los sesos, lo hacen, y no hay forma de detenerlos. Estoy seguro de que las tropas de ambos lados están formadas por gente que quiere la paz y las noticias que esperamos son las de negociaciones de paz y no las de daños infligidos al enemigo. Esto último es algo que vemos como desgraciadamente necesario, porque es la única forma de terminar este asunto en el que nos han metido con tanto júbilo nuestros amos políticos.
Estoy seguro de que alguien se beneficiará con toda esta destrucción, ¡aunque sólo sean Mrs. Thatcher y los fabricantes de armas!
Su hijo David.- "


Carta de un soldado argentino:


"Queridos padres:
Discúlpenme si los tuve demasiados días sin recibir noticias mías pero realmente no tuve oportunidad de hacer nada debido al bloqueo. Espero que ahora que saben que estoy vivo se queden más tranquilos. Me duele tener que decirlo, pero si hay alguien responsable de que yo y Franco estemos vivos, ese no es otro que el mismo Dios. Si no fuera por Él en estos momentos no estarían las cosas de este modo. Es muy triste la forma en que prácticamente nos mandaron al muere y el modo en que nos tenían engañados con que la situación estaba controlada. En este momento me encuentro muy débil y delgado debido a los cincuenta y siete días que pasé en esa maldita montaña soportando duras penurias como la falta de abrigo y calorías para subsistir. Junto con Franco fuimos tomados prisioneros por un grupo numeroso de soldados ingleses, mientras veíamos cómo poco a poco iban muriendo nuestros compañeros. Es una vergüenza las cosas que hizo el Ejército Argentino en las Malvinas. Hace dos días que estoy prisionero en un lugar de las Islas que no sé cuál es pero estén seguros de que recibimos buen trato, pues nos atienden demasiado bien. Estuve cuatro días sin comer y sin dormir, pero gracias al cielo me estoy recuperando. Dentro de muy poco voy a volver con ustedes, no lo dudo. Tengo un montón de proyectos para cuando vuelva.
Espero que la situación allí ande bien. No se olviden de dar gracias a Dios por todo.
Su hijo Néstor que va a volver muy pronto.
P.D.: Lamento no poder poner "Su hijo Néstor que regresa victorioso", pero ya saben más o menos cómo se definió la situación. Es doloroso y triste decirlo pero en un momento determinado pensé en ustedes y supuse que estarían más contentos teniendo un hijo vivo que un héroe muerto. No piensen que fui cobarde, no podía hacer nada contra tantos invasores que se venían desesperadamente al asalto. Sólo Dios sabe por qué no caí en el combate al igual que cayeron casi todos los soldados argentinos que estuvieron en la trágica Mount Longdon la noche de la gran matanza. Sólo Él sabe por qué; agradezcan en todo momento. Volveré muy pronto gracias a Dios.-


De adolescente, la clásica salida de caza con amigos. Hay que despuntar el vicio de disparar un tiro para matar algo, lo que sea... pero matar. Avanzo en la madrugada, hay rocío y voy con mis amigos; el campo es verde y no hay turba, al frente no parece haber nada y de repente se levanta una bandada... ¿Tenías miedo? No, miedo no ¿No es normal que en esas circunstancias se tenga miedo? Será normal pero no sentía miedo, no sentía nada. No tuve tiempo para pensar. No pensé. En el momento del combate no se piensa más que en matar al enemigo y salvarse. Disparé y no cayó ninguno en la bandada, pasaron encima nuestro y se perdieron en la niebla de la madrugada. Sentí alivio, no maté ni me mataron. Ahora debería sentir orgullo de haber izado ese tapiz celeste y blanco y sobre todo el sol dorado que me miraba, confiado en que yo, fuera del pozo y con el fusil, los mantuviera a raya, ¿pero qué hace uno cuando no sabe? ¿Cómo se juega a esto?, le pregunté a Galtieri y él desde arriba me respondió : "El tiempo de las palabras ha terminado. Este es el momento de la firmeza y de la acción. ¡Soldado! : ¡Subordinación y valor, para defender a la patria!" Entonces cuando las bandadas pasan por arriba, te metés en el pozo, Marce. Aprovechás y desaparecés en la niebla del pozo a esperar el fin. Vos me lo decías Bonzo, querido amigo, cuando pasaban los días y no recibíamos el aviso para presentarnos; no vayamos Javi, no va a pasar nada, están desorganizados, estuvieron muy ocupados cazando subversivos; tienen un lío de papeles que no se van a enterar de que existimos. Cuando se lo planteé a papá, casi me mata; tenía razón, Bonzo, después la duda te persigue toda la vida, menos mal que al final nos llamaron, nos sacaron el problema de encima y nos trajeron acá. Ahora que recuperamos estamos más tranquilos, es posible que cuando termine nos feliciten, ¿no te parece, Javi? Aguantá, aguantá que ya falta poco, ahora van a llegar ellos, que seguramente están ganando y nos van a mandar de vuelta a casa; vas a ver que no pasa nada. Los ingleses no son malos tipos, ellos quieren que se termine todo... como nosotros.


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MALVINAS - capítulo 2

EL OTRO CHICO capítulo 2

"Bs.As. Febrero 15 de 1965 - N.A.- El Canciller Zavala Ortiz reiteró que por fin después de 132 años de usurpación, el tema Malvinas había sido considerado por la Asamblea General de las Naciones Unidas".
Javier Cabral, "Javi", como lo llaman en casa, juega en el suelo con un camioncito verde camuflado. Javi tiene dos años, nació en mil novecientos sesenta y tres y por supuesto no entiende, lo que su papá le lee a su mamá.
-¿Viste Raquel?, según Gran Bretaña la Organización Mundial de las Naciones Unidas no tiene competencia para tratar el reclamo argentino y sostiene que "los pobladores de las islas deben decidir su propio destino". Lo dice acá en el diario.
-Basta Carlos con esa obsesión por las Malvinas -contestó la mamá de Javi que limpiaba en la cocina- Te vas a volver loco, ¿no te das cuenta que no las van a devolver nunca?
El padre de Javi hizo un gesto de impaciencia y continuó leyendo en voz alta: "La Argentina por su lado defiende la tesis del territorio usurpado y la no aplicación del principio de autodeterminación de los Kelpers..."
-¿Quiénes son los Kelpers? -interrumpió la madre.
-Son los ingleses que habitan las islas.
-Y, pobre gente, tienen razón, encima del frío que debe haber allá, los quieren hacer pelear.
-Pero no, vos no entendés, ellos no tienen que pelear, yo creo que lo que quieren es ser argentinos. Escuchá lo que dice acá: "Esto se dijo en Nueva York en el alegato de nuestra can-
cillería: La Argentina jamás a considerado a las Malvinas como territorio colonial. Las considera como una colonia establecida por ingleses en un territorio usurpado que pertenece a la Argentina". ¿Te das cuenta que con esto a las Naciones Unidas no le queda otro remedio que pedir la devolución?
-No las van a devolver, convencete, a los ingleses a cabeza dura no les gana nadie.
-¿Sí? ¡Entonces nosotros les vamos a demostrar que somos más cabeza dura que ellos y se las vamos a invadir y quitar!
-Vos estás loco. Nadie se va a animar. Los ingleses son mucho más fuertes. Además, ¿me querés decir a qué viene todo esto ahora en los diarios? Bastantes problemas tenemos acá adentro como para ocuparnos de unas islitas que no sirven para nada y están perdidas en el mar. Por favor traeme a Javi que le voy a cambiar los pañales ¡Ay! Espero que este sea uno de los últimos que use, ya estoy cansada. Además el año que viene tiene que empezar a ir al Jardín de Infantes -agregó con ternura mientras el papá lo dejaba sobre el cambiador dándole besos.
"El 16 de Diciembre de 1965, por 94 votos a favor y 14 abstenciones; se votó en la O.N.U. la resolución # 2065, que invitaba a ambos gobiernos a proseguir sin demora las negociaciones para una solución pacífica del problema. El canciller Zavala Ortiz consagraba un gran triunfo para el gobierno argentino y el 16 de Enero de 1966 se firmaba el comunicado conjunto en donde Gran Bretaña reconocía la existencia del diferendo".-
El papá de Javi escuchaba esto por la radio en ese verano porteño y por poco no largó todo para ir al café a comentarlo con sus amigos.
Mil novecientos sesenta y nueve. Primer día de clases en la Escuela # 175 de Floresta y en la vida de Javi.
-Cabral Javier Augusto -pasa lista la maestra.
-Soy yo -dice Javi.
-Ponete de pie Javier y escuchá bien lo que voy a repetir. Se debe decir: Presente Señorita. Ahora sentate.
-Chicos, ¿Les gustaría saber escribir? Bueno, vamos a empezar aprendiendo cómo se toma el lápiz; pero antes y para que vean cómo quedan armadas las palabras, fíjense en ese mapa grande que está colgado en la pared. ¿Les gusta?. ¿Vieron qué lindos colores tiene? Bueno esa es la República Argentina, el país en donde vivimos, y acá abajo, ¿ven estas letras? Acá dice algo y cuando sepan escribir también lo van a poder leer.
Acá dice: «Las Malvinas son argentinas»
-¿Quiénes son las malvinas señorita? -preguntó Javier.
-Las Malvinas son unas islas que están acá y nosotros estamos aquí arriba. Allí ahora vive otra gente que habla diferente, pero son de nosotros -le contestó la maestra con orgullo.
Un 30 de Noviembre de 1975, mientras junto a sus compañeros esperaba la entrada de la bandera en el patio de la escuela, Javi le deshizo de un tirón el moño del guardapolvo a Marcela, la nena que tenía delante en la fila.
-¡Basta Javi! ¡No embromés!
-Silencio alumnos. Las manos quietas a los costados del cuerpo y los pies juntos -dijo la directora por el parlante- Saludemos a nuestra Enseña Patria. A los niños de séptimo grado que hoy egresan de la Primaria, les pido que sigan en fila detrás del abanderado y sus escoltas hasta el escenario, para entonar las estrofas de nuestro Himno Nacional.
Mientras cantaba, Javier se dio cuenta que él también escoltaba a la Bandera Argentina que tenía un sol muy dorado y sonriente y que los colores blanco entre celestes eran los más lindos que había para la bandera de un país. Y ese día, en el que empezaba a ser grande, sintió una sensación extraña, desconocida y tuvo ganas de llorar.
Mil novecientos setenta y nueve. Javier tiene 16 años y unas ganas bárbaras de tener novia.
-Señores, ¡de pie! -exige el preceptor de la Escuela Secundaria, un joven imberbe de veintidós años y mirada fría y azul.
-Señores, me parece que ustedes no entienden lo que es disciplina. Esa no es forma de ponerse de pie. Ahora va a venir la señora profesora y cuando se paren a saludar no quiero oír el más leve ruido ¿Comprendido? Y en cuanto a usted señor Cabral, mañana no entra al establecimiento si no viene con el pelo corto ¿Entendió?
Durante la clase Javi le pasó un papel doblado a un compañero, que decía "PASASELO A MARCELA".
Marcela lo recibió y leyendo asintió con la cabeza sabiendo que Javier la estaba mirando. Esa noche se encontraron en la plaza, en el lugar de siempre. Sin hablar se sentaron en el banco detrás de los árboles, se abrazaron y se besaron en la boca. Él le pasó la mano por debajo del sweter y acarició sus pechos sin corpiño.
-¡No Javi! -se apartó ella con una sonrisa que contradecía su negativa- Acá no, está lleno de gente.
-Marce, vos sabés que no tenemos otro lugar en donde estar solos. Dale, nadie nos ve, a esta hora todo el mundo está cenando.
-No Javier, yo también te quiero, pero no me gusta aquí en la calle.
-Marcela, esta no es la calle, es nuestro banco. Mirá si mañana pasa algo y me tengo que ir lejos. Ahí te vas a arrepentir de no haberlo hecho, ¿no?
-Mirá las cosas que decís. ¿Adónde te vas a ir? Tenemos mucho tiempo para estar juntos, o pensás dejar de estudiar.
-No, dejar no. Lo que pasa es que el milico del preceptor ya me tiene podrido, no hace mas que joderme.
-No hables así. El tipo en el fondo no es malo, andá a saber qué clase de educación recibió en su casa.
-¡Ja! No es malo. Seguro que te gustan sus ojos azules. Ese en la primera que se le presente, agarra un arma y fusila a alguno ¿Viste el otro día en la clase de Instrucción Cívica cuando se enteró que el profe iba a hablar sobre las Malvinas y le pidió quedarse a escuchar?
-Sí, ¿eso qué tiene de malo?
-Marce, yo lo escuché cuando nos dijo a los de alrededor: "Esos ingleses hijos de puta, no veo el momento que nos avivemos de una vez y los saquemos a tiros" -Tenía un odio que asustaba.
-Basta Javi, eso no va a pasar nunca. Vení dame un beso, te dejo tocar un poco, ¡pero un poco, eh!
A la semana siguiente Javier, Marcela y otras parejas amigas fueron a bailar. Al irse, a eso de las cuatro de la madrugada, Javier y su amigo Bonzo se despidieron del resto.
-Bueno Marce ¿Nos vemos mañana? ¿Estás segura que no querés que te acompañe?
-No Javi, ya quedé con las chicas que voy a dormir en la casa de ellas. Vos igual volvés con Bonzo.
-Si, pero el Bonzo no es lo mismo que vos, nena.
-No seas pavo, andá dame un beso y chau, hasta mañana en mi casa.
-Chau, voy a eso de las cinco a tomar el té -le dijo riendo- ¡Pero que no sea a la inglesa! -gritó mientras se alejaban.
Se quedaron con Bonzo esperando un colectivo que quién sabe a qué hora pasaría inaugurando el día nuevo. De pronto dobló la esquina un Ford Falcon color verde y frenó de golpe frente a ellos. Se bajaron cinco tipos de traje y corbata con pistolas en la mano. A Javier se le aflojaron las rodillas y Bonzo amagó escapar.
-¡Parate ahí o te bajo de un tiro, pedazo de boludo! ¡Adónde te creés que vas! -gritó el que parecía el jefe.
Dos de los tipos agarraron a Javier de los brazos y los otros dos a Bonzo. Ninguno de ellos hablaba.
Javier se sintió dado vuelta bruscamente y quedó contra la pared. Uno de los tipos le agarró los pelos de la nuca y sin golpearlo le aplastó la cara contra la piedra. El otro lo palpó de la cabeza a los pies. Después lo arrojaron de boca al piso. Javier temblaba y creía que el corazón se le salía.
Los otros dos hombres hicieron lo mismo con Bonzo. El jefe le puso un pie a Javier en la espalda y le preguntó.
-¡Vos! ¿Cómo te llamás?
-Javier -gimió este.
-¡Javier qué, boludo!
-Javier Augusto Cabral -balbuceó.
-¡Ja! Con esa vocecita de "mina" seguro que no sos descendiente del Sargento, si no, el General San Martín no hubiera sobrevivido -rió el tipo.
-¿Y qué andás haciendo a esta hora por acá?
-Salimos de un baile.
-Baile es el que te voy a dar yo, pero a tiros, si no hablás más fuerte, boludo.
-¿Ustedes son novios, che? Le preguntó a Bonzo.
-No -alcanzó a decir Bonzo antes que el otro le pegara un zapatazo en las costillas.
-¡Ah! Como tu amiguito dice que salieron de un baile juntos... -se hizo el chistoso el jefe.
-Bueno, se terminó. Ahora escuchen bien. Esta vez se salvan, yo decido que sigan viviendo. La próxima que los encuentre en actitud sospechosa, los hago boleta ¿Comprendido?
¡Ahora párense!
Los chicos lo hicieron sin hablar.
-¡Contesten carajo! ¿Comprendido?
-Comprendido señor -dijeron débilmente a dúo.
-¡No se oye! ¡Más fuerte!
-¡Comprendido señor! –repitieron gritando.
-Bueno, ahora van a salir corriendo y no van a parar hasta sus casas. Si los encuentro de nuevo los liquido.
-¡Ya! -gritó el tipo y se quedó sonriendo cínico en la neblina de la madrugada viéndolos alejarse como dos locos.
El 15 de Febrero de 1982, con bastante retraso, Javier Augusto Cabral recibió en su domicilio la notificación del Ejército Argentino para presentarse a "...cumplir con el Servicio Militar Obligatorio, deber de todo ciudadano argentino con 18 años cumplidos, etc...."
-Bueno Mabel, no llorés, después de todo va a cumplir con la patria. Es un año nomás, casi todos lo hicimos y no nos morimos.
-Sí, pero después de todo lo que viene pasando estos años con estos cretinos del Gobierno Militar, se puede esperar cualquier cosa.
-¡Eh! No seas exagerada. Al fin y al cabo no se va a la guerra. En el cuartel va a aprender disciplina, que no le viene mal. A manejar un arma, que nunca está de más y en unos meses lo tenemos de vuelta en casa.
-Pero yo quería que siguiera estudiando. Le fue tan bien en el secundario. Ahora quién sabe si sigue después de perder el tiempo un año.
-¿Cómo perder el tiempo? Allí se aprenden muchas cosas buenas. Terminala, ¿querés? Ya está bien.
-¿Muchas cosas buenas? Después de lo que se está sabiendo, estos son capaces de entrenarlos para secuestrar y torturar gente.
-Pero, ¿qué estás diciendo?, ¿quién te mete esas ideas en la cabeza? El gobierno está frenando a gente indeseable, gente que nos quiere sojuzgar, que obedece intereses de afuera. Si los meten presos por algo será.
-Mirá Carlos, hay que abrir los ojos. Juana me cuenta porque el marido está metido en política y sabe muchas cosas.
-¿Qué cosas?
-Cosas que ni nos imaginamos. Dice que por las dudas hicieron desaparecer a todos lo que resultaban sospechosos y que este gobierno está en las diez de últimas, que ya no se sostiene, ni política ni económicamente.
-¡Está loco! Ese debe ser otro subversivo, de esos que le gustan los trapos rojos. Basta. No quiero oír hablar más pavadas en esta casa. Te prohibo que hables de esas cosas con Juana. Y con respecto a Javi quedate tranquila, ya me dijeron que va a estar destinado al Regimiento de Infantería 25; no lo vamos a tener cerca pero va a estar bien. Más adelante pediremos el traslado para acá.
A fines de febrero Javier viajó a Colonia Sarmiento en la Provincia de Chubut y se presentó en el Regimiento de Infantería 25 con la revisación médica cumplida y aprobado para todo servicio. La noche anterior se despidió de Marcela y se juraron eterno amor. En un par de meses terminaría la instrucción intensiva, lo dejarían salir y volverían a verse.
Los primeros días de instrucción fueron interesantes, vivía a diez centímetros del suelo todo el tiempo y parte de la noche con el colchón al hombro. Junto a su amigo Bonzo conoció de cerca los
abrojos y el barro; además de los "saltos de rana" en las duchas del cuartel. También la instrucción con armas, lo cual era un respiro porque lo hacían sentar a él y sus compañeros en el suelo del campito alrededor del sargento instructor y si lograba permanecer despierto escuchaba cosas como: "Objetivo del Tema: EMPLEO DEL FUSIL.- Clase 1: Conocer el Fusil.- Clase 2: Regular el Fusil (En esta se quedó dormido y le costó dos días de calabozo).- Clase 3: Realizar la Puntería.- Clase 4: Utilizar el Fusil (En esta hubiera necesitado una segunda explicación). El fin de semana le escribió una carta a Marcela diciéndole que la extrañaba y nada hizo prever que la Junta Militar había decidido en secreto la recuperación de las Islas Malvinas para el 10 de abril con opción a veinticuatro horas después. El hecho fue que del veintiocho al treinta de marzo por orden del Comité Militar zarpó la Flota de Mar y con ellos Javier Augusto Cabral, soldado clase ’63 con quince días de instrucción y dos de las cuatro clases de Fusil a medio entender; integrando inexplicablemente la Sección Bote del Regimiento de Infantería de Ejército Nº 25.- Y es inexplicable porque este era un grupo casi de elite, compuesto por oficiales, suboficiales y cuyos soldados eran AOR. (Aspirantes a Oficiales de Reserva). Lo que pasó fue que al momento de ordenar los embarques de personal, el jefe se dio cuenta que a la sección le faltaba un hombre de repuesto como transportador de armas livianas; lo vio a Javi serio y concentrado entre el reclutaje y lo eligió por intuición. Y acertó, Javier salvaría una vida en el combate de Cerro Darwin: La de Gustavo «Bocha» Clavero.
Le tocó zarpar en el BDT (Buque Desembarco Tanques) «San Antonio» formando parte de la Sección Bote, una fracción del RI-25 compuesta por treinta y nueve hombres. A medida que pasaron los días en alta mar fue descubriendo cosas que le hicieron pensar que dentro de todo era un tipo privilegiado. Una mañana los hicieron formar en cubierta y les comunicaron que estaban navegando rumbo a las Islas Malvinas "...para recuperarlas de manos de los ingleses y reincorporarlas al territorio argentino, al cual siempre han pertenecido..." En el mismo buque viajaba el Comandante de la Fuerza de Desembarco, Contraalmirante Busser, ochocientos Infantes de Marina y sus vehículos anfibios. Ese mismo día Busser en persona lo eligió, por ser el combatiente más "moderno" del barco, para izar la Bandera Nacional de Guerra. Creyó estar viviendo un momento repetido y recordó un día de fines de mil novecientos setenta y cinco en la escuela primaria; solo que esta vez la bandera era la más hermosa que jamás había visto: Del grosor de un tapiz, para resistir los vientos del océano y con colores muy penetrantes, ondeó en sus manos y se elevó por el mástil flameando orgullosa.
Además del BDT San Antonio, la Flota de Mar o Fuerza de Tarea 40 estaba compuesta por el Portaaviones 25 de Mayo; los Destructores misilísticos Hércules y Santísima Trinidad; El Destructor Seguí, varias Corbetas misilísticas y el Rompehielos Alte. Irizar. Estos buques transportaban fracciones de la Agrupación de Buzos Tácticos; Agrupación de Comandos Anfibios; Destacamento Naval de Playa; Batallón de Infantería de Marina Nº 2 y Batallón de Vehículos Anfibios y por supuesto la Sección Bote del RI-25 del Ejército, al cual pertenecía Javier.
El 10 de abril se tuvieron las Islas a la vista pero se modificó la hora «H» a causa del clima poco propenso al desembarco. A las nueve de la noche ochenta hombres de reconocimiento anfibio de Infantería de Marina y buzos tácticos fueron lanzados en botes de goma desde el Destructor Stma. Trinidad en Port Harriet, con el objeto de desplazarse unos diez kilómetros a campo traviesa para capturar al gobernador inglés. El 2 de abril a las dos de la madrugada el submarino Santa Fe lanzó un grupo de buzos tácticos cerca del faro de entrada a Puerto Argentino para señalar los puntos aptos de desembarco masivo. El BDT San Antonio en el que iba Javier, escoltado por el destructor Hércules y la Corbeta Drummond entraron al puerto Grousac al norte de Pto. Argentino para efectuar el desembarco de vehículos anfibios a las cinco y media de la mañana.
A las seis y media -cuenta Javier Cabral esforzándose en recordar, cuando alguien le pregunta- iniciamos el desembarco en un anfibio. El primer objetivo era capturar el aeropuerto para que nuestros aviones Hércules que venían del continente con tropas, pudieran aterrizar. El tiempo no era malo para lo habitual en esos páramos. Ingleses no había por ningún lado, pero la pista la tuvimos que limpiar de cosas de todo tipo y tamaño que habían puesto para obstruir. Mientras llegábamos a tierra escuchamos un mensaje en inglés que salía de uno de nuestros barcos diciéndoles que no les haríamos daño y que se entregaran sin resistencia.
La rendición fue rápida, creo que a eso de las nueve estaba todo liquidado y hubo un solo muerto, un arriesgado oficial nuestro.
Los grandes titulares argentinos decían: "finalizada esta histórica jornada, el pueblo argentino festejó en todo el país la victoria". Y los extranjeros: "Los argentinos braman por la guerra" - "Un ejercicio al estilo macho, de una dictadura con rasgos mussolinianos»
Soy del pozo. Moqueando, sentado y con los pies colgando para alejarlos del barro, quiero a mamá y a papá para que me tiren un «bife a la plancha» y me calienten un poco, lejos del viento de afuera que está con los ingleses y los gurkas que esperan y dicen que no perdonan.... que matan. Por lo menos las bombas se escuchan; deben ser ellos porque tengo miedo y este fusil no lo sé usar. Es mejor que no salga; el viento, la explosión y el gurka me aguardan. Acá estoy con Marcela en el banco de la plaza, con aire y ruido de Floresta. Miremos la TV Marcela, veamos en la pantalla cómo ellos ganan sus medallas y son condecorados por su arrojo gracias a nosotros, los que no elegimos estar para recuperar... ¡Pero son nuestras Javi! ¡Y a mí qué carajo me importa Marce! Haberse acordado antes ¿Por qué tengo que morir aquí si yo no pedí estar? Somos jóvenes Marcela, tenemos que hacer el amor, tener una casa, un hijo, muchos; plantar un árbol, escribir un libro y morir de viejos. Nada más... ¡Acá no! No me gusta.... Es de otros que hace mucho....



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MALVINAS, bajo un manto de neblina









Ediciones El Escribiente
Autor; Carlos Rey
Año 2001 - 2007
«MALVINAS -
bajo un manto de neblina»
68 páginas
ISBN 950-767-010-5
Colección Libros de Bariloche


A 25 AÑOS

PROLOGO


Era (lo sigue siendo) razonable pensar que el tema del espionaje, en relación a los Exocet, significaba mucho en la construcción de un nuevo libro sobre Malvinas. Por eso fue que me decidí escribir una pequeña novela inspirándome en un corto y aparentemente poco importante artículo aparecido en un diario de la época, en donde resumidamente se relataba cómo los militares argentinos fueron engañados por el espionaje inglés, aunque se haya dicho que fuimos nosotros los que los engañamos a ellos. Utilizando unas cuantas personas lograron esperanzar a la Junta Militar en la adquisición de los temibles "cigarros", para de esa forma retardar el accionar bélico argentino, que, dicho sea de paso, tenía a los ingleses muy preocupados.
También es razonable pensar que otro, muy distinto, hubiera sido el resultado de las acciones, de haber dispuesto la Argentina de ocho o diez misiles más. Quizás no se habría «ganado la guerra», pero seguramente Maggie y su entorno hubieran tenido que parlamentar un acuerdo, ante el hecho concreto de tener media flota británica averiada.
En el margen de estas elucubraciones sobre espionaje y posibles resultados, subyace la soldadesca argentina. Y me complace y duele utilizar este adjetivo despectivo; no por lo que los chicos eran, sino por lo que sus «superiores» (por llamarlos de alguna manera) consideraron que eran. Esa «superioridad» les confirió la omnipotencia de disponer de sus vidas con una ligereza absoluta. Hoy la sociedad paga las consecuencias de ese arbitrio y ellos –los chicos- nos "molestan" tanto cuando aparecen en un medio de transporte ofreciendo la venta de una revista que cuenta sus desgracias, como cuando nos enteramos que alguno de ellos se suicidó.
En esta ambigüedad de sentimientos en los que, indistintamente, enarbolamos banderas de reivindicación, sentimos añoranzas bélicas, lloramos junto a un amigo que perdió a su hijo y no sabemos qué hacer al tener cara a cara a un ex combatiente; nos debatimos en la imposible resolución de una situación que a mi entender no tiene remedio.
Salvo que las autoridades, como correspondería que lo hicieran, tomaran al toro por las astas. Lo cual en buen romance significa poner los cojones sobre la mesa, pero no la de la estrategia militar y la guerra que solo deja dolor, sino la de la negociación inteligente.
¿Seremos capaces los argentinos?




UN CHICO DE LA GUERRA CAPÍTULO 1


Gustavo «Bocha» Clavero

-No pude dejar a mis amigos solos, ¿entendés? Cuando me presenté en el Regimiento me quise morir, ya estaba todo organizado y no había ni un puesto libre para ir a Malvinas. Estaba todo ocupado, hasta en la cocina, y eso que había recibido la citación hacía dos días nada más; el diez de abril. Yo estaba en mi casa, en Corrientes, después de un año de "colimba" descansando. Sí, a nuestra Clase, la ’62, la habían dado de baja el ocho de marzo del 82, pero yo salí dos días más tarde, ¿qué cosa, no? Por ser de los mejores, durante el año me habían ascendido a Dragoneante y por eso mismo tuve que esperar a que se fueran todos mis compañeros para salir. Casi me costaba irme, estaba como pegado a las costumbres y eso que no veía el día que me llegara la baja. Ya en noviembre y enero hubo algunas bajas y pensábamos que los mejores íbamos a salir, pero fue al revés, a los buenos nos dejaron para lo último. Igual me costó irme; pero en casa me esperaban mis viejos, mis hermanos, mi novia Julieta, todos, ¿viste? Así que estaba de lo más feliz y contento gozando la libertad. Me levantaba a la hora que quería, mi vieja me preparaba un buen desayuno y después iba a jugar un picado de fútbol al potrerito de la vuelta o si no, me la iba a ver a Julieta y salíamos a pasear, a caminar nomás. Estaba bueno sí y de repente llegó la citación. No me olvido más ¿sabés?, el sobre del Ejército y la nota diciendo que en no más de tres días debía presentarme al Regimiento en la IIIª Brigada, la misma en que había hecho la colimba. Era el diez de abril, hacía justo un mes que había salido; nada más que un mes. Pero sabía por qué, en mi casa se comentaba mucho, salía todos los
días en los diarios y no se hablaba de otra cosa. Era por las Malvinas y decíamos, no, qué nos van a llamar de nuevo a nosotros si ya estuvimos un año adentro. Ya invadieron con los nuevos, los de la ’63. Ahora no va a pasar nada, ya ganamos. Eso decían todos en el barrio. Sin embargo nos llamaron. Parece que el Presidente Galtieri estuvo de visita en las islas
después de ocuparlas y decidió mandar a los correntinos también, aunque no hiciera falta. Por las dudas, ¿viste?, lo que sobra no daña. Habrá pensado en aquel dicho: «Si la Argentina entra en guerra, Corrientes la va a ayudar». Qué sé yo lo que habrá pensado; la cuestión es que el diez de abril me citaron, el doce me presenté y ya estaba todo completo. Pero mis amigos de la Clase ’62 iban casi todos; no puedo dejar a mis amigos solos, pensé, ¿entendés?, así que usé mis artimañas de soldado viejo y como me enteré que había uno de los muchachos que andaba medio mal de salud y estaba remoloneando para ir, hablé con mi Sargento Mayor García y él habló con el Capitán médico González que me conocía bien, lo sacó al pibe y me metió a mí ¿Cómo no iba a ir si iban todos?
-Está bien Bocha, tranquilizate, ahora ya pasó. Y te repito, lo importante es que estás vivo, ¿te pido otro café?
-No, si yo estoy tranquilo. Ya estoy resignado. Pero para mí en cambio lo más importante es que se sepa todo. Toda la verdad de lo que pasó allá. Oíme, buena idea la de la revista, ¿cómo se va a llamar? ¡Ah! sí, Revista del Veterano.
-Sí, Revista del Veterano de Guerra. Y decime Bocha ¿Cuál era tu regimiento?
-El RI-12, Regimiento de Infantería 12, General Arenales de la IIIª Brigada de Infantería, Agrupación Litoral con asiento en Mercedes, Provincia de Corrientes, chamigo.
-¿Y después qué pasó? Seguí contando.
-Después todo fue muy distinto, muy triste...
Al principio no tanto, todos creíamos que no iba a haber guerra, que no iban a haber combates propiamente dicho. Nunca supe qué pensaban los oficiales porque no nos daban bolilla, jamás nos hablaban ni aparecían por los puestos de combate, pero entre nosotros y los "zumbos" con los que teníamos contacto, se corría la bola de que al combate no se llegaba. Que las tratativas iban a resolverlo todo y no se iba a disparar un solo tiro. Además las Islas iban a quedar para nosotros, eso se decía a cada rato y también que los ingleses no iban a venir porque estaban muy lejos, qué sé yo, son como catorce mil kilómetros creo ¡Qué iban a venir por unas islitas de mierda con cuatro pobladores locos! ...Sí, conocí las Malvinas, un lugar muy diferente a mi pueblo. Cuando llegamos a fines de abril nos alojaron en una barraca, en realidad un galpón para ovejas que le hicieron desalojar a los Kelpers. Ellos parece que protestaron un poco, pero con tal de que no hubiera tiros, llevaron las ovejas a otro lado. Además, dijeron, era otoño y todavía las temperaturas eran benignas para esos animales de lana. Bueno, fue mi primera noche y no nos dieron nada, es decir dormimos con la manta provista, la que llevábamos en la mochila, sobre un poco de pasto seco, nada más. Nos morimos de frío toda la noche. Yo creo que hacía más frío adentro que afuera, solamente que adentro no llovía. "Algo es algo" decía Caño, mi compañero de rincón, todavía con ganas de hacer bromas. A las nueve de la mañana nos despertaron los de la cocina, traían una "morocha" humeando de mate cocido. Para mi gusto le faltaba azúcar, pero estaba caliente y supo a paraíso. También nos dieron un pancito medio duro a cada uno. Otra vez a vivir en otro mundo, eran las nueve y media y estaba completamente oscuro. A esa hora en Corrientes estábamos muertos de calor y hacía como tres horas que la gente estaba en su trabajo. Acá todo era distinto. Está bien que viví casi tres años en Buenos Aires y allí conocí lo que es el frío y la humedad, pero como en las Islas, viento nunca; viento y frío como en Malvinas nunca. Al segundo día nos llevaron a unos diez kilómetros de Puerto Argentino para hacer los "pozos". Nos marcaron los lugares y nos dieron palas. Los pozos son como las trincheras de las guerras mundiales pero más para esconderse que para pelear y los llaman "Pozos de zorro". Después, ahí metidos en ellos pasamos gran parte de la guerra. Llovía casi siempre; el frío, ¿cómo se dice? Nos calaba hasta los huesos. Los pozos dentro de todo eran un resguardo, un olvidarse del afuera; en los pozos no había viento y el frío era tranquilo. Lástima, no teníamos equipo de mate y yo lo extrañaba, imaginate, soy correntino. Una vez, me acuerdo, me mandaron con un "parte" para el sargento Benítez. Cuando entré en la casa que hacía de oficina del Mando Mayor, no lo pude creer, estaban tomando mate de verdad; no me acuerdo del paquete de yerba que estaba sobre la mesa, pero era una de las conocidas en todos lados. El matecito era uno de esos azules enlozados con manijita y la bombilla era cortita con un ojito rojo de adorno. Hubiera dado años de mi vida por tomar un mate, ¿entendés? Creo que Benítez me vio la cara, porque me dijo: "¿Un mate soldado?" Ese verde calentito corriendo por mis tripas fue una gloria. Una de las mejores cosas que me pasaron en las Islas.
-¿Cómo te llevaron a Malvinas?
-Una vez que nos reclutaron, durante la segunda quincena de abril -no me acuerdo bien- el general Parada, que era el jefe de la IIIª Brigada, recibió la orden de trasladarse con su gente a Malvinas. Estábamos en Comodoro Rivadavia esperando órdenes y por fin llegaron. Teníamos que ir todos y con los equipos. Nos llevaron en aviones Hércules y el material pesado que en principio iba a ir en los buques nunca llegó a Malvinas. No sé por qué razón, tuvieron que descargarlo para transportarlo en aviones; la cuestión que la mayor parte nunca nos llegó y la Brigada estuvo mal abastecida todo el tiempo. En el Hércules vas sentado en el suelo con tu equipo y el arma provista; a mí me volvieron a "premiar" y me dieron una vieja subametralladora PAM, porque dijeron que las mejores armas ya se las habían dado a los de la clase nueva, la ’63, que ya estaba en Malvinas desde los primeros días de la ocupación. Después nos dimos cuenta que los chicos nuevos no las sabían manejar y les tuvimos que enseñar nosotros. Bueno –en el avión- desde las ventanillas no veíamos nada aparte del resplandor del sol al amanecer. Volábamos entre nubes y cuando nuestro jefe nos dijo que nos fuéramos preparando porque faltaba poco, se notó que el avión iba perdiendo altura y en eso, de repente, vimos el agua y los islotes de roca pelada castigados por las olas ya muy cerca de nosotros. Después bajamos... decí que al principio no te dan tiempo ni a pensar, pero me acuerdo de una sensación muy rara. ¿Qué era lo que estaba haciendo ahí? Creo que es el lugar; te sorprende, sobre todo si sos del norte, como yo. No sé si será todo el año así, ese día era triste y las nubes llegaban al suelo, estaba muy húmedo y casi no había viento, me acuerdo de eso; a pesar del regimiento me sentí... solo.
Después de pasar la primera noche en la barraca de ovejas nos llevaron a las afueras de la ciudad, a tomar posiciones, nos dijeron. Recorrimos a pie unos diez kilómetros. En el trayecto el Sargento Ayudante que estaba a cargo nos fue hablando, nos decía que nosotros teníamos el privilegio de estar allí en esas circunstancias históricas, que éramos los elegidos por Dios para llevar a cabo esa gesta heroica y que si llegaba la circunstancia del combate teníamos que dar el ejemplo, como soldados viejos que éramos y jugarnos hasta morir por la Patria... Las Islas... Un lugar remoto, barrido por todos los vientos... Haciendo pozos de zorro en la turba, la pala chapoteaba en el barro, casi agua, de abajo. Los pies los tenía siempre húmedos porque los borceguíes aunque no eran viejos, son de cuero y les pasaba el agua; muchas veces pedíamos el médico porque no sentíamos los dedos. Cuando podía, sobre todo si había un fueguito encendido, me sacaba las medias empapadas y movía mis dedos, los veía moverse pero no los sentía y estaban blancos, casi azules. El Doc nos dijo esa vez que teníamos que cambiarnos las medias más seguido y tratar de tener los pies secos, ¡pero cómo! Si casi no teníamos equipo. La mayor parte tendría que haber llegado en los transportes y no pasaba nada. Sí. Nos pasamos mucho tiempo ahí metidos bajo tierra y presentíamos que en cualquier momento los ingleses podían atacar, ya no nos creíamos el cuento de las negociaciones, se oían explosiones por todos lados y nos enteramos que habían desembarcado entrando por el Estrecho y habían ocupado las playas de las dos islas... Se venían en cualquier momento... Yo siempre pensaba que ojalá me dieran la oportunidad, que viniera un oficial con los huevos bien puestos, se pusiera al mando y nos ordenara tomar posiciones fuera de los pozos, al aire libre para combatir. No me importaba morir, creo que a la mayoría de los muchachos le importaba, habíamos ido para eso, las Malvinas eran nuestras. Pero estar ahí adentro metidos era horrible. Imaginate solamente el hecho de tener ganas de orinar y salir pensando en un ataque personal, mientras el cañoneo de la artillería de los barcos ingleses y las pasadas de los aviones con sus ráfagas de ablande, hace de esa simple necesidad una cuestión de vida o muerte. Entonces le pedís a los compañeros de pozo que vigilen, que te cubran, que avisen mientras te bajás los pantalones inevitablemente cerca del terror y lo más lejos posible del olor. Todo ese tiempo desde el 1º de mayo en que los ingleses comenzaron la recuperación, la pasé adentro de ese maldito pozo de zorro y no hacía más que pensar en mi familia y en Julieta. No podía creer que no recibiera nada de ellos; allí donde estábamos nunca llegó nada para ninguno de los cuatro soldados que compartíamos el pozo. Solo esa vez en abril que me mandaron chocolate, un gorro de lana, unas cartas y la revista «Gente» con información triunfalista de Buenos Aires. Una vez los que traían el «rancho» me dijeron que habían escuchado en la radio en Puerto Argentino, el programa que se trasmitía desde la Capital y que Julieta había hablado para mí. Después ella me lo contó acá, cuando volvimos, pero hubiera sido tan distinto escucharla estando allá... Después, el 26 de mayo separaron los regimientos. El RI-4 quedó cerca de Puerto Argentino porque era el que menos equipo tenía. Ahí fue donde nos mandaron a Darwin, yo era del RI-12 desde el año anterior y los conocía a casi todos; en cambio a Caño lo cambiaron al RI-5 y lo mandaron a Puerto Howard en la Gran Malvina, con ese regimiento. Después te cuento lo que le pasó a este grupo, fue cosa de locos; las órdenes que recibieron quiero decir. A mí me lo contó otro compañero, pero me dio mucha lástima cuando nos separaron. Con Caño habíamos estado juntos todo el año de "colimba" y nos intercambiábamos las guardias y todo eso. Volví a saber de él después del combate de Cerro Darwin, ya sabés, pobre Caño... Yo conservo su diario que fue lo único que se encontró hasta ahora. Bueno, a ellos los llevaron a Howard en helicópteros, tuvieron que hacer varios viajes y ya no los volví a ver porque Howard queda alejado de Darwin y hay que cruzar el canal, el Estrecho San Carlos.
-Sí, los informes critican también estos traslados y la forma de llevarlos a cabo...
-A nosotros, a pesar de que teníamos orden de desplazarnos a pie, también se nos llevó en helicópteros y nos enteramos que hubo «bronca» en los altos mandos por esa cuestión.
-¿Y a todo esto qué se sabía de los británicos?
-A los pobladores de las Islas los habían tratado muy bien y los habían fletado para Inglaterra, eso es lo que nos dijeron.
-No, me refiero a los que venían... a los milicos.
-¡Ah, sí! En esos días nos llevamos la gran sorpresa. No era como habían dicho que no iban a venir desde tan lejos y todo eso. El 21 de abril, creo que fue, se corrió la voz con seguridad, de que un avión de reconocimiento de los nuestros había localizado a la Flota Inglesa como a dosmiltrescientos kilómetros al estenordeste de Río de Janeiro. Eso hubiera sido muy preocupante de haber imaginado el corte final, pero en ese momento, viste cómo somos los argentinos, empezaron a decir, "yanquis" hijos de puta que le prestan la base aérea de la isla Ascención, que vengan nomás los ingleses, acá los esperamos. Me acuerdo de la revista Gente de mediados de abril que me mandaron que decía: "Ellos vienen, nosotros esperamos". Y Galtieri: "Si quieren venir que vengan. Se les presentará batalla... Estamos dispuestos a escarmentar a quien se atreva a tocar un solo metro cuadrado de territorio argentino". "¡Qué venga nomás el principito!".
-Perdoná que te interrumpa. Según una encuesta de aquellos días, el setenta por ciento de la gente consultada era partidaria de que las fuerzas armadas desafiaran abierta y decididamente el bloqueo británico de las Islas. En la revista «Convicción» se explicaba que expertos militares nacionales y extranjeros coincidieron en el hecho de que en caso de realizar un bloqueo o una invasión, los ingleses estaban prácticamente condenados al fracaso debido a que carecerían de apoyo logístico adecuado y no tendrían supremacía aérea.
-Bueno, o sea que es como yo pienso ahora en frío, nos manejaron la información...
-¡Pero por supuesto Bocha! ¡A todos! A los de acá y a los que estaban allá. Con la historia de la seguridad y el secreto de las acciones bélicas, no te quepa la menor duda. Ahora hace poco tiempo que pasó todo, pero ya se irán sabiendo más y más cosas.
-Nos hicieron creer que ganábamos ¡Pero para qué, decime para qué! ¿Cuál era el objetivo final, aparte de recuperar las Malvinas? ¿Por qué les importaba tanto que el pueblo argentino creyera que ganaba la guerra, si de repente y de un día para otro nos enteramos que habíamos perdido? Nos dejaron con la sangre en el ojo, ¿te das cuenta? Yo sé que la mayoría de los muchachos volvería a combatir mañana mismo. Fue terrible, muy trágico, nos dieron «manija» para que dejáramos la vida, creíamos que podíamos ganar y de golpe llegó la orden de retirarse.
-Sí, por ejemplo el Batallón de Infantería de Marina 5 no se rindió nunca. En la batalla del 14 de junio defendiendo Puerto Argentino recibió la orden de replegarse y tomar nuevas posiciones para luego contraatacar e impidieron que los ingleses avanzaran; no pudieron pasar por ese lado. El BIM-5 no perdió ni se rindió.
-Después, el 1º de mayo, ¿te imaginás? Un día feriado internacional, únicamente a los ingleses se les puede ocurrir.
Estábamos semidormidos, metidos en el pozo, como siempre medio congelados y medio mojados. Serían las cuatro y media de la madrugada y nos despertó un tableteo lejano; nunca habíamos estado en una guerra, pero hay algo que te dice que la «cosa grossa» empezó. A los quince minutos pasó el estafeta avisando que los ingleses estaban atacando con aviones el Aeropuerto Malvinas, que nos mantuviéramos en alerta. Pensamos que estábamos alejados y que los nuestros los iban a repeler con fuego antiaéreo, pero también supimos que ese día la comida no iba a llegar ni siquiera fría como otras veces. Lo que nunca nos dijeron fue que los ingleses iban a meterse por atrás, por el Estrecho San Carlos. En realidad los oficiales ni aparecían por los puestos; se corría la bola que estaban muy cómodos y calentitos en la ciudad.
-Ahora se sabe que tu jefe superior, el general Parada, cuando Menéndez le ordenó el desplazamiento de la IIIª Brigada a Darwin, los envió a ustedes, a la tropa, pero él no trasladó su puesto de mando, y el combate lo dirigió por radio. En concreto dicen que fue a Malvinas a perder.
-Así que novedades teníamos las pocas que nos pasaban los que traían la comida y las de los suboficiales que hacían la recorrida para ver cómo andábamos. Ellos siempre nos decían lo mismo, que las tratativas diplomáticas seguían y todo se iba a solucionar enseguida y sin combates; que lo que estaban haciendo los ingleses era un operativo de disuación. Mientras tanto ya estaban ahí y nos enteramos que la flota era grande, como para pasarnos por arriba y no precisamente para disuadirnos.
-Ahora contame lo de Cerro Darwin, porque ya los tenían encima por lo que estás contando.
-Bueno, vos sabés que eso fue una locura, por empezar ni los ingleses ni nosotros sabíamos lo que podía pasar. Cerro Darwin es una altura importante porque está entre el Estrecho San Carlos y el Puerto Argentino. La posición la teníamos tomada nosotros y ellos se enteraron -porque había filtraciones de información que daba la población civil- que el RI-5 y el RI-12 tenían serias limitaciones. No teníamos vehículos, los abastecimientos estaban muy cortados por lo difícil del terreno y nos faltaba el aliciente que te dan los mandos; ellos prácticamente no existían para los soldados propios.
-Sí, la capacidad combativa en esos casos estaba disminuída en casi un cincuenta por ciento y el esquema defensivo tanto para Darwin como para Goose Green, fue sumamente débil.
-Exacto. Bueno, el combate fue el 28 de mayo. El ataque inglés se largó a las ocho de la mañana, pero ya durante toda la noche anterior habíamos recibido fuego de artillería sobre nuestras posiciones. Podíamos ver el fuego de los combates que libraba la compañia «A» de nuestro regimiento que estaba al norte de la desembocadura del Istmo de Darwin. Eso conduce a Goose Green, donde también se combatía. Así amanecimos ese día, sin dormir y agotados por la tensión de las explosiones sobre nuestras cabezas. Lo feo de esto es que te queda como un zumbido adentro que no se te va más. El amanecer estaba como la mayoría de los días, gris y la llovizna nos mojaba constantemente. Hasta ahí, que yo sepa no había bajas. De pronto un grupo, una fracción desplegada, apareció a nuestras espaldas. Primero nos sorprendimos porque creímos que era el enemigo, pero nuestro jefe directo nos avisó que eran argentinos del RI-25.-
-Era la Sección Bote del Regimiento de Infantería 25, estaba al mando del Tte. Estevez que murió en acción junto a varios más y la constituían algunos suboficiales y soldados que eran Aspirantes a Oficiales de Reserva, todos de la clase tuya, la ’62.
-Todos menos uno. Esto no fue importante y no trascendió, pero para mí sí lo fue. Entre ellos había un pibe de la ’63: Javier Augusto Cabral, que había sido asignado al grupo para reforzarlo en el traslado de armamento. Ahora te voy a contar cómo durante la batalla él me salvó la vida. La cuestión es que esta gente venía realizando un contraataque desde retaguardia para apoyar a los soldados que mantenían el contacto físico con el enemigo. Con ellos ocupamos una altura sobre el flanco derecho y emplazamos una ametralladora para evitar que los ingleses envolvieran la posición. En eso apareció un sargento y nos informó que en el frente se divisaban tropas de lucha cuerpo a cuerpo sin identificar, desplazándose en forma ofensiva. Nuestro jefe ordenó entonces a dos de mis compañeros del pozo que se adelantaran para observar si eran amigos o enemigos. En ese momento todo era muy confuso pues también recibíamos fuego de morteros. Nuestras ametralladoras disparaban sobre los ingleses y ellos buscaron refugio en una barraca en proximidades de la playa. Desde allí comenzaron a dispararnos con mortero. Con ese fuego intenso, los integrantes de nuestra sección que habían salido para combatir, se arrastraron hasta sus respectivos pozos para protegerse y continuar el combate desde allí. En eso nos informaron que la pareja enviada a adelantarse, podía haber sido abatida. Me puse como loco y le solicité permiso a mi jefe para salir en su ayuda. Me lo concedió con la recomendación de regresar a mi puesto en una hora, pasara lo que pasara. Mientras, una sección de mi grupo no pudo concretar la ocupación de la altura del flanco Este; lo que hubiera sido muy ventajoso para dominar la situación. Aprovechando esto y la diversidad de fuego que recibíamos, los paracaidistas británicos empezaron a envolvernos por ese lado, así que por el momento no pude llevar a cabo mi intención y me quedé peleando con el resto. Con esfuerzo logramos que en sus primeros intentos los ingleses fueran rechazados en su avance. Había dos ametralladoras a cargo de un cabo que los mantuvo en jaque largo rato, hasta que se tuvo que replegar con sus hombres. El combate duraba ya cerca de dos horas y se hacía más y más intenso. Allí vimos cuando el Teniente Estevez murió por un disparo que le dio en el rostro mientras operaba el equipo de radio con el que trasmitía las posiciones inglesas a nuestra artillería. La mayoría de los soldados que combatían ahí eran correntinos, así que los gritos de «sapucay» se oían por todos lados y de esa forma nos dábamos ánimo unos a otros. Vi cuando el soldado apuntador de un fusil ametrallador fue herido, corrí a socorrerlo y lo ayudé a buscar refugio; después le cambié su arma por mi PAM, ya que él había quedado fuera de combate, y abrí fuego en dirección al ataque enemigo; entonces fue cuando me decidí a salir en busca de mis dos compañeros de pozo presuntamente heridos o muertos. Los ingleses ya estaban próximos, iban ganando terreno paulatinamente y se escuchaban sus gritos. Las respectivas secciones combatían a cien y a cincuenta metros unas de otras. Me lancé cuesta abajo entre carreras y cuerpo a tierra tratando de zigzaguear para evitar ser un blanco fácil. Ellos avanzaban cubiertos por cortinas de humo y protegidos en parte por los intensos fuegos de artillería y morteros sobre los nuestros. Aproveché estas mismas circunstancias y pude rebasar su frente de ataque alejándome del foco principal, cuidando de no distanciarme demasiado, pues a lo lejos hubiera llamado la atención; al mismo tiempo no dejaba de disparar con el fusil cada vez que me detenía. Ellos avanzaban jalonando con fumígenos de colores para ser reconocidos y no ser abatidos por su propia artillería. En mi carrera comencé a ver el patio trasero de la batalla: soldados tambaleantes, ciegos, que corrían en cualquier dirección desarmados y muertos de miedo; un cadáver dislocado en una postura ridícula; horror de la sangre brotando del hueco en donde hubo una oreja, un ojo; mutilados de un brazo aullando de dolor; media pierna separada de su cuerpo con las manos rígidas extendidas, sangre y más sangre. Heridos que vomitaban y se cagaban encima. Nadie podía ayudar a nadie. Algunos combates esporádicos de argentinos, resistiendo en posiciones ya superadas por el grueso del regimiento inglés. Todos quieren salvar la propia vida, te escondés en donde encontrás un agujero o una roca a la espera de matar o ser muerto. Entonces de pronto, a veinte metros lo vi a Javier Cabral del RI-25, a quien todavía no conocía, auxiliando a un par de soldados nuestros. Enseguida me di cuenta que eran mis compañeros, llegué hasta allí y por suerte no estaban en un lugar batido por el fuego enemigo. Javier estaba vendando la cabeza de uno de ellos, que estaba dolorido pero consciente. El otro se quejaba de un dolor en la espalda, pero no tenía heridas a la vista. Una granada les había explotado cerca cuando trataban de regresar a las posiciones propias y aturdidos se habían refugiado detrás de unas piedras haciéndose los muertos. Javier me dijo que era de los nuevos, sin quererlo se había separado de su sección y no sabía qué hacer. Llevaba el arma colgada de mala manera; yo le dije que lo que había hecho estaba bien. De pronto me di cuenta que como Dragoneante estaba a cargo de tres tipos, dos de los cuales estaban heridos y decidí que en esas circunstancias, no valía la pena buscar nuestras posiciones; pensé que con Javier éramos dos sanos para transportar a dos heridos bastante llevaderos, así que les dije que nos pusiéramos en marcha cuesta abajo, en dirección a Puerto Argentino; de esa forma nos alejaríamos del lugar de combate y después Dios diría. Nos pusimos a caminar ayudando a los otros que por suerte podían hacerlo por su propia cuenta; tratamos de correr o algo que se pareciera y cuando por el ruido creíamos que una bomba nos podía pegar, nos tirábamos al suelo y esperábamos unos segundos. Sabíamos que si explotaba cerca, «adiós mundo cruel». En una yo me adelanté con mi compañero y me paré a esperar a Javier y su herido... Fue allí... un disparo de mortero cayó cerca y del lado mío; sentí un golpe en las piernas como si me pegaran un palazo, de repente perdí altura y todo dio vueltas alrededor; fue muy extraño porque no tuve dolor. Cuando llegaron los otros dos, yo estaba en el suelo y mi compañero lloraba desesperado tapándose la cara con ambas manos; mis piernas no las sentía y me di cuenta que ya no estaban. En eso una nueva bomba nos cayó y grandes esquirlas impactaron en mis compañeros heridos. Ellos murieron en el acto. Era evidente que los ingleses habían visto nuestro desplazamiento y nos tiraban. Javi me cargó en su espalda y como un autómata comenzó a avanzar; casi arrastrándose para no ser visto se fue alejando del lugar. No sé si llamarlo suerte, pero a partir de allí no nos dispararon más; tal vez nos tuvieron lástima o quizás nos descartaron como peligro y se dedicaron a otros blancos. Más abajo, cinco ingleses aparecieron sorpresivamente y nos dieron la voz de alto para que nos rindiéramos. Fuimos tomados prisioneros y confieso que fue lo mejor para mí porque me sentía morir.
Después en el Hospital de Campaña inglés en San Carlos, mi otro compañero de pozo, el que había permanecido en el puesto, me contó el final del combate en las alturas del Cerro Darwin. La batalla había sido cada vez más violenta, los ingleses se prepararon para el asalto final pues ya habían conquistado muchas posiciones y pozos argentinos; los nuestros que habían sido tomados prisioneros estaban entre ellos, así que era imposible dispararles a los británicos. Quedaban muchas posiciones nuestras que no querían rendirse y llevaban las de ganar, pero el campo en su conjunto estaba en poder de ellos. Allí se decidió no continuar peleando, era inútil seguir. Al revisar a los argentinos los ingleses les hicieron un "cacheo" violento, pues los ánimos estaban muy alterados. Luego fueron llevados a un lugar de reunión de prisioneros de guerra, pero como la artillería nuestra comenzó a batirlos, tuvieron que llevarlos a una pendiente en «desenfilada», para que los tiros no los alcanzaran.
-Bocha, te cuento algunos datos que a lo mejor conocés: Fue el único combate diurno de gran magnitud y también uno de los más cruentos en la Guerra de las Malvinas. Además fue el primero, y de allí en más los ingleses sólo atacaron de noche, por el costo en vidas y materiales que les ocasionó. El RI-12 y la Sección Bote del RI-25 se enfrentaron contra el IIº Batallón de Paracaidistas del Reino Unido de Gran Bretaña. Duró más de tres horas y los ingleses tomaron la posición. Hubo varios muertos y muchos heridos sobre un total de poco más de setenta hombres. Ellos perdieron doce y se dice que allí murió su jefe, el Tte.Cnel. H. Jones ¿Vos qué sentiste después de eso?
-Te podés imaginar, tenía la sensación de que todo había sido en vano. Pero a pesar de mi desgracia, todavía creía que la guerra no estaba perdida. Estuvimos el resto del día a la intemperie y también toda la noche. A los heridos más graves nos llevaron al hospital de campaña de los ingleses. Ellos no pudieron hacer mucho por los prisioneros heridos, pero mostraron buena voluntad cediendo sus paquetes de vendas a los argentinos. Yo tuve mucha suerte en que me atendiera un médico y no se complicaran mis heridas. Mientras tanto supimos que el combate seguía en Goose Green y tuvimos la esperanza del desquite, pero el veintinueve nos enteramos que también había caído en manos de ellos.
Ahí me di cuenta que había comenzado el principio-del-fin.
Después me trasladaron al continente. Los ingleses prefirieron sacarse de encima a los prisioneros heridos y ya no volví nunca a las Islas. Todavía sigo esperando la reivindicación, soy joven y viví la guerra. Soy un veterano que tiene mucho para dar.
-Bien Bocha, ya lo creo; todo esto que decís tiene mucho peso. Yo te agradezco la reunión acá en esta confitería de tu Corrientes natal pero me gustaría saber qué fue de tu vida posterior, el regreso, tu familia, tu novia, ¿ella te aceptó cuando volviste?
-La mejor respuesta la tenés en Julieta, que ahí vuelve. Estamos casados hace un año y esperamos nuestro hijo. Todo el año siguiente a mi vuelta de Malvinas hice rehabilitación física y fui al psicólogo.
-Hola. Es tarde. Espero que hayan tenido tiempo de charlar. Te ayudo con la silla y nos vamos. Hasta luego señor.
-Sí, chau, la próxima vez te traigo el diario de mi amigo Caño, el que estuvo en Puerto Howard <>





Apuntes del padre de un soldado

«Como no soy militar no entiendo de guerra, ni de táctica o estrategias. Como soy médico y padre, entiendo de paz, trabajo y solidaridad. Entonces creamos este grupo de padres de soldados, que durante la guerra funcionó en la ciudad de La Plata. Un grupo que sigue funcionando después de la guerra; para ayudar a los muchachos que volvieron, para que en el futuro esto no vuelva a ocurrir. Nuestros hijos fueron enviados a una lucha que no eligieron, decidida por un gobierno que no eligieron y para la
cual no estaban preparados. Había en la Argentina, cuarenta mil profesionales preparados por vocación y estudio para una guerra. No es fácil entender por qué se envió a diez mil muchachos de diez y ocho y veinte años que carecían de preparación. Pero allá fueron y se comportaron con gran valor y dignidad. Durante dos meses nos alentaron con sus cartas, nos hicieron reir con un humor que persistió aún en los momentos más graves. Y eso nos llena de orgullo. Un orgullo que no nace en una adhesión a la guerra ni cuestiona sus causas. Queremos la denuncia de lo ocurrido, no para venganza sobre los culpables, pero sí para no repetir la historia. Saber lo que ocurrió, cómo ocurrió, por qué ocurrió. Que se difundan verdades y se eviten los mitos.
Porque la guerra de las Malvinas no terminó, seguirá en tanto haya un padre llorando a su hijo, mientras haya un soldado mutilado, mientras haya un muchacho que despierte de noche con miedo a la muerte.»

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